Ya es mi especialidad entrar por la puerta trasera e incluirme desapercibidamente en el entorno ansioso.
Él entra por delante y del lugar abarrotado ya no sale, su atención es compartida y equivalente con cualquier vivo, pero sus sentidos se desvían por una imantación de extremo a extremo, para él, ella no pasa desapercibida, entiende que la musa, aún bajo su rostro frío la leña en su corazón la saca de quicio, se retuerce por un ardor en su barriga, que orienta su vista hacia él
Para ella llueven las luces rojas y rosas, se golpea, se causa su sentencia, mientras que la acogedora noche la inspira a desearlo un poco más, acaricia la idea de acortar distancia
Entonces él va dando unos pasos que la rodean, cuidándose de no hacer un ruido que sea muy detectable, le crea expectativas y descubre la oportunidad que le hará brindarle un saludo y una sonrisa
La musa admite ser difícil y no puede renunciar a serlo, se hace como que no le importa su estancia, como que no se pelea con ella misma a causa de él
No hay nada diferente en esto
Solo una escena más de sus juegos
Pero en cada juego ellos creen, en la capa más pegada a su corazón hay una furia que plantea arrebatar las reglas y ejecutar el antónimo de la distancia.
La lucha de ella es fuerte, ni siquiera voltea sus ojos unos segundos antes de que se acerque, hasta que él posa en su cara, entonces lo saluda con cordialidad y fingida casualidad
El hombre no para de preguntarse qué tan grande es la pared que los divide porque no parece haberla visto suspirar de nervios, ni preparada para expresarse a él.
Con su saludo, hubo un logro esa noche, esa voz de victoria estuvo en ambos, pero sus mentes zumbando quedaron
La musa lloró en su cabeza en cuanto él apenas la soltó
Él no supo cuánto amó ella