Te escucho
y tu voz me resuena
en lo profundo
como un eco de piratas.
Mar inmenso que, ágil y crujiente,
has de posarte en mi ventana
por las noches.
Ventosamente arrastras en tus olas
mi esperanza.
Te escucho
y no me canso de escucharte.
Me trae tu sonar
la fantasía y el ensueño.
Me invade la impotencia
en tu figura
perdida allá
en los llanos
donde nunca llego.
Aguárdame…
te escucho un rato más,
luego me duermo…