La demora
Hay una voz que persigo.
Cuando me acerco,
se calla.
Entonces me planto en la tierra
como una semilla esperando germinar.
Me quedo en el rumor
de las ramas más altas,
donde anida el ave
y demoran su caída
la hoja y el fruto.
Y así,
subterráneo como el grano,
aéreo como el tallo,
espero.
Pongo mis oídos sobre los ojos
y mi lengua se acuesta sobre el polvo
como una raíz.
¿Cuánto falta para que amanezca?
Y en mi espera,
¿brotaré como las flores?
¿Podré escuchar con estos ojos
cerrados bajo la noche?
¿O cortarán mi lengua
envejecida bajo la tierra?
¿Cuándo lloverá para beber el agua
y echar ramas y flores y frutos?
¿Cuándo despertaré de este sueño?
Hay una voz que persigo
y no podré encontrarla
vestido de piel y carne;
esta vestidura
que se gasta
mientras camina hacia su límite.
Voy
efímero,
poseído por la inercia invisible,
descendiendo hasta el polvo,
hasta deslizarme
en la inasible sustancia,
allí
donde podamos demorarnos.
Ricardo Castillo
Notas de un viejo cuaderno