Alcides Chavarría🇳🇮

El taller de Joselito: La utilidad del hombre

Joselito tenía las manos marcadas por la lógica de los metales
y una paciencia de artesano para explicarnos el alma de las cosas.

 

En su taller, el mundo no se tiraba cuando se rompía;
se abría con cuidado, se entendía su secreto
y se obligaba al tiempo a retroceder con un destornillador.

 

Nos puso frente al vientre de metal de la Aurika 70,
ese torbellino blanco que dictaba el ritmo de los sábados.
Aprendimos su mecanismo, el latido de su motor,
la limpieza de los filtros y el orden de sus cables,
descifrando el mapa de un engranaje que parecía eterno.

 

Y luego, la Plancha rusa, pesada como la historia,
con su resistencia de fuego y su cable de tela.
Joselito nos enseñaba el mantenimiento, el roce justo,
la reparación que devolvía el calor a las camisas
para que saliéramos al mundo impecables y dignos.

 

\"Un hombre tiene que ser útil en el hogar\", nos decía,
mientras nos mostraba que la hombría no era fuerza bruta,
sino la delicadeza de ajustar un tornillo
o la inteligencia de devolverle la vida a un electrodoméstico muerto.

 

Gracias, Joselito, por hacernos dueños de nuestras propias herramientas.
Por enseñarme que cuidar lo que se tiene es una forma del amor,
y que ser un \"hombre útil\" es el oficio más alto
que un joven extranjero podía llevarse en la maleta.