Mónica Arias

LA FUENTE

 

Energía translúcida,

que brilla diamantada

como gotas en la escarcha,

entusiasta y cristalizada.

 

Torrentes de agua se abalanzan,

surcados por pies descalzos;

vienen al mundo prendados

de la inocencia

y de la ignorancia de vocablos.

 

Alzo la mirada hacia el altar del universo:

un eclipse solar retrae mi ceguera

y me permite divisar

una divinidad reluciente,

en el cosmos de cimera.

 

Me siento vanagloriada 

por el triunfo de existir,

como una diosa,

santiguada y coronada.

 

La fuente de todo el saber

riega el mundo sin descanso;

nos invita a contemplar su paso

para poder tararear

su rociada partitura, 

compuesta por una refinada canción.

 

Una canción nacida de las entrañas

de un oráculo de dicha

que anuncia una cosecha fértil,

 madurada y erguida.

 

La constante evolución

presagia el regreso 

hacia el origen de la morada,

ese que a todos nos bautiza

desde la transparencia del agua

de una fuente beatífica,

perenne y sagrada.