Liturgia urbana que blasfema cada esquina.
Nos atraviesan transeúntes sin pasos,
impregnan pasamanos:
memorias de falanges.
Gestos resignados
que jamás consuelan del todo
abonan la terquedad del cemento.
El desarraigo
se esconde
en cuerpos traslúcidos.
La abulia
se vuelve generosa
como goma de mascar.
No es justo
buscar la felicidad
escalando toboganes
que niegan precipicios.
Y la realidad,
esa ficción de materia alterable,
con tantos rostros baldíos.
Aromas que llegan para curtir la piel
y habitar el cuerpo.
Las palabras pierden espesor.
Silencio.