Leoness

La fiesta de un futuro

Teníamos solo quince años,

la edad en que el tiempo es un lienzo abierto

y el mundo cabe en una sala de estar.

 

En aquella fiesta sin más luces que la penumbra,

un viejo tocadiscos giraba en la esquina,

desgranando un compás simple, dulce,

mientras el alma, ingrávida y descalza,

se elevaba de golpe hasta el mismo Big Bang.

 

Y entonces ocurrió.

 

No hubo aviso ni estruendo,

solo una fuerza ineludible, una gravedad antigua

que la arrastró hacia mí sin remedio.

 

Porque ante la belleza, pregunto, ¿qué somos?.

 

La existencia humana queda indefensa,

desarmada ante el destello de unos ojos

que reescriben las leyes de la física.

 

Fue un encuentro certero,

como una cuchilla que divide la sombra,

un roce de aire sobre una madera invisible,

un abismo del tamaño de una aguja que hace

que la arquitectura del tiempo,

el pasado entero, la infancia misma,

caiga hacia arriba y se desmorone,

dejando solo la luz intacta

donde nacía nuestro futuro.