a mi hija menor
Tienes iguales gustos y manías,
mi forma de soñar contra corriente;
te habitan mis antiguas rebeldías
y un fuego que te vuelve diferente.
Te gustan los silencios elocuentes,
la música que evoca lo vivido;
y llevas mis costumbres persistentes,
como un eco de mí nunca extinguido.
Mas eres tú, con luz propia y entera,
un alma sin dobleces ni fisuras;
mi sangre floreciendo en primavera,
más libre de mis sombras y amarguras.
¡Y qué orgullo, hija, verte florecer!
Contigo, el ayer vuelve a renacer.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026