Los Kindred me odian,
me han dejado aquí
sin muerte, sin vida,
sin estar junto a ti.
No conozco, no conoceré,
me temo que no viviré,
no viviré para conocer ser tan elogiable,
tan deleitablemente deseable,
nadie como tu mente inolvidable.
Hermoso ser,
maravilla del existir,
eres el goce de mi vivir,
hija del anochecer.
A mis ojos no dejas respirar,
engañas a mis labios para pecar.
No entiendo el cómo,
el cómo ni el cuándo,
cuándo un alma así encontraré,
cuándo a otro adoraré
como aquella noche tu piel adoré.
Desvelo
Pero aquel velo de carne fue cayendo, la ilusión mortal se deshizo en mis manos, y tu rostro inmutable se fue descubriendo: el hermoso abismo que aguarda a los humanos.