No elegí el lugar donde nací,
ni el nombre que llevo,
ni las heridas que marcaron mi historia,
ni las ausencias que aprendí a soportar.
No elegí muchas de las cosas que me hicieron ser quien soy,
pero hoy puedo elegir el camino que quiero recorrer.
Y entre todos los caminos de la vida,
te elijo a ti.
Te elijo para compartir mis mañanas,
para encontrar tu mirada al despertar,
para conocer tus luces y tus sombras,
y aprender a amarte incluso en aquello
que todavía no conozco de ti.
No te elijo para que cures mis heridas,
ni para que llenes mis vacíos.
Te elijo porque, aun con mis miedos,
mi corazón encuentra en ti
un lugar donde desea quedarse.
No sé qué nos depara el futuro,
ni cuántas tormentas habremos de atravesar,
pero hoy quiero caminar contigo,
tomar tu mano cuando el mundo pese
y celebrar a tu lado cada amanecer.
Porque no puedo cambiar mi pasado,
pero puedo decidir qué hacer con mi presente.
Y hoy, con el alma despierta,
con mis heridas y mis esperanzas,
con todo lo que soy y lo que sueño ser,
te elijo libremente, te elijo conscientemente,
te elijo con todo mi corazón.
Y si la vida me permitiera comenzar de nuevo,
si pudiera cambiar mis días, mis caminos y mi historia,
quisiera conservar intacta esta libertad
que hoy me permite elegirte.
Porque entre tantas cosas que nunca pude elegir,
entre tantos caminos que pude recorrer,
hay una decisión que me pertenece
y que quisiera renovar cada día de mi vida:
Hoy te elijo a ti.
Mañana, si la vida me lo permite, volveré a elegirte.
Y mientras Dios me conceda aliento,
quiero que mi amor siga siendo eso:
la elección más hermosa de mi vida, seas siempre tú.