Siete noches junto al él,
siete noches sin dormir.
Le enterraría mañana
si él dejara de salir.
El primer día sus manos
reposaban sobre el pecho;
al despertar, lo hallé
aferrado a nuestro lecho.
El jueves, sus dos pies
descansaban en el suelo;
el viernes, estaba acostado
con la cara contra el techo.
Hoy lo encuentro junto al marco,
a dos pasos del umbral.
No sé qué busca en la puerta.
No me atrevo a preguntar.
He jurado no dormirme;
ya no distingo la aurora.
Su cadáver no respira,
su cadáver no da sombra.