QUIÉREME EN VIDA
Oye, mi hermano…
Hay gente que lleva flores al cementerio,
pero nunca llevó una flor a una sonrisa.
Y yo me pregunto:
¿por qué esperar a que alguien se vaya
para decirle lo que sentimos?
Para qué flores,
para qué lágrimas,
para qué palabras de halagos,
para qué tanta gente hoy en vela
mientras ayer ni se acordaban de este cristiano.
Y tú… sí, tú, que estás escuchando,
no desaires este corazón.
Dame en vida el abrazo que cura,
no esperes al frío adiós.
Si hay un te quiero guardado en el pecho,
suéltalo ahora, no lo dejes preso.
Que el tiempo no avisa cuándo se marcha
ni espera a que estemos listos para cerrar la puerta.
Quiéreme en vida, quiéreme ahora,
no cuando el silencio me llegue a la hora.
Dame tu mano, regálame un beso,
que un gesto sincero vale más que mil rezos.
Quiéreme en vida, no esperes mañana,
que el sol no pregunta si queda otra jornada.
No traigas coronas ni un llanto tardío,
¡dame tu cariño mientras sigo vivo!
No quiero discursos junto a cuatro velas,
ni un mar de lamentos detrás de una puerta.
No quiero escuchar lo que nunca dijiste
cuando tuve fuerzas y tú me tuviste.
No quiero que cuenten mis buenas acciones
ni que me perdonen antiguas razones.
Si alguna palabra te nace del alma,
ven y dímela hoy, que mi oído te aguarda.
Que no hay ramo de flores capaz de comprar
ese abrazo pendiente que pudiste dar.
Y aunque el mundo se vista de negro y de duelo,
no hay beso tardío que alcance a los muertos.
Quiéreme en vida, quiéreme ahora,
no cuando el silencio me llegue a la hora.
Dame tu mano, regálame un beso,
que un gesto sincero vale más que mil rezos.
Quiéreme en vida, no esperes mañana,
que el sol no pregunta si queda otra jornada.
No traigas coronas ni un llanto tardío,
¡dame tu cariño mientras sigo vivo!
Y si alguna vez te hice daño,
si te quedé debiendo una explicación,
no esperes que me cubra la tierra
para hablarme desde el corazón.
Ven sin orgullo, ven sin reproches,
que todavía nos queda la noche.
A veces un simple «perdóname»
hace más que mil flores sobre una calle.
¡Que me quieran vivo!
¡Vivo, vivo, vivo!
¡Que me abracen ahora!
¡Ahora, no después!
¡Que no esperen flores!
¡Ni lágrimas después!
Si tienes cariño…
¡Dalo de una vez!
Que mañana, mi hermano…
¡Quién sabe qué puede suceder!
La vida es cortita, aunque parezca larga,
y cada silencio también deja marcas.
Hay padres que esperan la voz de sus hijos,
hay madres que esconden sus propios suspiros.
Hay viejos sentados mirando la puerta,
esperando una visita que nunca se acerca.
Y cuando se marchan, qué triste ironía,
todos tienen tiempo para la despedida.
Quiéreme en vida, quiéreme ahora,
no cuando el silencio me llegue a la hora.
Dame tu mano, regálame un beso,
que un gesto sincero vale más que mil rezos.
Quiéreme en vida, no esperes mañana,
que el sol no pregunta si queda otra jornada.
No traigas coronas ni un llanto tardío,
¡dame tu cariño mientras sigo vivo!
No traigas coronas de pétalos tristes
al hombre que amaste… o al que conociste.
Quiéreme hoy que respiro y te escucho,
que mañana… tal vez sea mucho.
Acuérdate, mi hermano…
Las flores se marchitan.
Las palabras se las lleva el viento.
Pero un abrazo dado a tiempo…
ese sí se queda.