Hay amores que se marchan y nos dejan su recuerdo,
que se llevan nuestros besos al encuentro con el cielo;
y aunque el tiempo pase lento, yo jamás olvidarlos puedo,
porque siguen encendidos como estrellas en mi cielo.
Hay caricias que en el alma se quedaron para siempre,
y palabras que en silencio todavía hacen llorar;
aunque el ser amado duerma bajo tierra eternamente,
sus huellas viven en el alma y nadie las podrá borrar.
Cuántas noches he mirado las estrellas con tristeza,
preguntándole a la luna dónde se encuentra mi amor;
y en el viento he percibido la ternura y su belleza,
como un beso que regresa para aliviar mi dolor.
Ya no escucho aquella voz que alegraba mis mañanas,
ni esos pasos que anunciaban su llegada junto a mí;
pero viven sus recuerdos como rosas en mi ventana,
y en las páginas del alma guardo todo lo que viví.
Porque el amor verdadero no se muere con la ausencia,
ni la tierra ni los cielos sus recuerdos borrarán;
quien amó dejando huellas permanece en la existencia,
y en el templo de mi pecho para siempre vivirá.