Cuando te digo tranquila, no es solo hablar.
Es decirte sin palabras: acá estoy, te sostengo.
Que no estás sola, que respires hondo,
que lo que pesa, entre los dos pesará menos.
No vengo a resolver lo que te duele,
no puedo detener los vientos ni las tormentas,
pero sí puedo sentarme a tu lado mientras pasan,
y sostener tu mano hasta que vuelva a salir el sol.
Soñar tus sueños no es querer lo mismo que tú,
es creer en ellos tanto como tú crees,
es mirar el mismo horizonte y decirte:
\"Vamos juntos, yo no me rindo si tú no te rindes\".
Acompaño lo más hermoso que eres: tu vida,
esa que a veces se cansa, a veces duda, pero sigue.
Y sé que muchas veces luchas como un huracán,
que todo en ti se mueve, se agita y se esfuerza…
y aun así, en medio de toda esa fuerza,
eres el lugar donde quiero estar.
Me pierdo en tu compañía y me encuentro,
porque estar contigo es volver a casa.
Cuidarte no es una tarea que cumplo un día y se acaba,
es mi forma de vivir: mirarte, escucharte, entenderte.
Es darte un espacio donde no tengas que ser fuerte todo el tiempo,
donde puedas descansar de ti misma y del mundo.
Es esa contención que no necesita muchas palabras,
solo presencia, constante y segura, como un faro en la noche.
Y pase lo que pase, y pase el tiempo que pase,
en las distancias o aquí, lado a lado…
no me olvidaré de ti.
Porque hay personas que pasan por la vida,
y hay personas como tú, que se quedan en el corazón.