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En el linde del silencio...

A veces, los momentos te obligan a soltar.

Y hay algo esperanzador en ese leve instante en el que empiezas a dejar de sentir la cuerda, cuando todavía no has soltado del todo, pero ya no te aferras con la misma fuerza.

Esperas un cambio que quizás nunca llegue. Y es curioso cómo ese quizás termina diciéndote más de ti que de la propia situación.

Porque, a veces, no es lo que puede suceder lo que te mantiene esperando, sino todo aquello que todavía no estás preparado para dejar ir.