Maria Rosa

Místico

La distancia que recorre mi alma,

A un palmo de la vida se detiene,

Distraída tras las rejas de una vigilia,

El tiempo avanza tan solemne.

 

El de la guadaña tampoco se detiene,

Y agota las arenas del templo,

Predica su salmo, mi fe me sugiere,

Que entregué mi piel, mi sangre y mis huesos.

 

Y tan solo tiemblo...

Las costuras de mi pecho se agrietan,

No hay latido, solo silencio.

Las cadenas que me atan a la tierra,

Son de hilo, las creía de hierro.

 

Y tan solo son cuentos...

No hay luz, túnel, ni camino,

Solo yo y mi inerte cuerpo.