La distancia que recorre mi alma,
A un palmo de la vida se detiene,
Distraída tras las rejas de una vigilia,
El tiempo avanza tan solemne.
El de la guadaña tampoco se detiene,
Y agota las arenas del templo,
Predica su salmo, mi fe me sugiere,
Que entregué mi piel, mi sangre y mis huesos.
Y tan solo tiemblo...
Las costuras de mi pecho se agrietan,
No hay latido, solo silencio.
Las cadenas que me atan a la tierra,
Son de hilo, las creía de hierro.
Y tan solo son cuentos...
No hay luz, túnel, ni camino,
Solo yo y mi inerte cuerpo.