Crizs Matt

La Amada Espera de Un Suicidio

En la sombra de tu cuello,
mi boca se abre como un abismo hambriento,
esperando el veneno que arranque tu último suspiro,
la muerte que me ate a ti en un lazo negro.

Tus manos temblorosas me rozan la piel,
como cuchillas dulces que cortan la esperanza,
paciente y voraz, me sumerjo en la espera,
bebiendo la agonía de tu vida que se desvanece.

Quiero que te pierdas en el filo de la noche,
que tus venas griten el final prohibido,
porque solo en la muerte serás mía,
la amada que espera en la penumbra del suicidio.

En la penumbra, sus dedos se clavan,
no para salvar, sino para acelerar el final,
ella es la amante cruel que susurra al filo,
la que acaricia la muerte con labios sangrantes.

Ella espera, quieta, con los ojos vacíos,
mientras la sombra crece bajo su piel rota,
cada tic-tac un puñal en su pecho,
cada latido una daga que no encuentra la salida.

Él se hunde en el abismo sin fondo,
la botella, el filo, el veneno como amantes,
y ella, la amada, observa la caída lenta,
la dulce agonía que arrastra su alma lejos de ella.

La espera es un pozo sin fondo ni luz,
una condena dulce en la que se ahoga el amor,
porque solo en la muerte, en la última caricia,
ella podrá abrazar la sombra de su suicidio.

El suicidio no es un acto solitario,
es un ritual compartido en la carne rota,
ella espera, sedienta de ese último grito,
el instante en que la vida se desangra y muere.

Cuando el cuerpo cae, frío y vacío,
ella se hunde en la oscuridad con una sonrisa rota,
porque amar también es desear la muerte,
en  la sombra la amada espera de un suicidio.