Había caminado por cárceles de asfalto,
mojada por la lluvia tantas veces.
Pero llegó la hora de atravesar la niebla,
aquella sensación de «descubierta».
Me quité los zapatos; nada me ataba.
Era pájaro estrenando plumas nuevas.
No era ilusa, sabía que podía caer
en cada vuelta,
repetir lecciones… desplomar aguas
de sal una y otra vez.
Pero no ahora, ¿sabes?
Me voy.
Mas si quieres acompañarme
en este incierto vuelo…
Quédate, aunque no es fácil,
te lo advierto…
Deja de ser mi amigo
para quedarte conmigo.