Rumor de piedra que llama,
eco antiguo en cada esquina,
donde Machado camina
con el dolor que derrama.
La luz temblando en la rama
del ciprés que ya no espera,
y la plaza, que aún venera
el rumor de los leones,
guarda en sus viejos balcones
el alma inmóvil de una era.
Traía el luto en el pecho
y el verso herido en la sien,
la muerte le hizo rehén
de un tiempo quieto y estrecho.
Machado, camina deshecho
entre el recuerdo y la bruma.
Con el dolor en su pluma
oye una voz que lo nombra:
entre la luz y la sombra
que en el espacio se esfuma.