Entre las cuerdas de tu creación bailé, deslicé mi suave y cautivador ritmo cerca de tus dedos, volviéndome la bailarina de tu espontáneo espectáculo. Nací para serlo, te sitiaría en algún desliz del tiempo.
Una muñeca atada a tu andar yo fui, intentaba comprender lo magnético que emanaba de tu odioso cuerpo.
Un delirante suelto entre las calles y los hoteles. Vas y te estableces sin demora, sin amargura ni extrema fascinación, das lo que eres y la ciudad te dice que eres suficiente. Tu humor, un cuento de nunca acabar, eres así de aquí al final y al final de nuestro final. Cuando éste exista.