Sobre tu piel se detienen mis versos,
como gotas de lluvia
que buscan refugio en la ternura.
Tu piel blanca, delicada y suave,
tu cabello rubio, tus tonos de miel,
esa mezcla de luz y misterio
que mis ojos no consiguen olvidar.
Y en el contraste de tu belleza,
entre la claridad de tu piel
y el recuerdo que guardo en la mía,
nació una ilusión
que todavía me cuesta despedir.
¡Ay, mujer!
Si supieras cuántas palabras
se me quedaron atrapadas en el pecho,
cuántas lágrimas llevan tu nombre
sin atreverse a pronunciarlo.
No lloro porque seas hermosa,
ni porque tu rostro viva en mi memoria;
lloro por aquello que imaginé contigo,
por los sueños que tejió mi esperanza
y por el amor que no encontró
un lugar donde quedarse.
Hoy mis lágrimas son silenciosas,
no buscan tus manos ni tu mirada,
no pretenden cambiar tus sentimientos
ni reclamarte lo que nunca fue mío.
Son solamente gotas de nostalgia
sobre la página de una historia
que mi corazón todavía aprende a cerrar.
Porque hay pieles que uno recuerda,
miradas que permanecen,
y amores que, aunque no florezcan,
dejan una huella profunda
en el alma de quien los siente.
- El bohemio puro