Cuánto odio le nubla la memoria,
la historia y las consabidas raíces,
de sus tripas huyen las lombrices;
no le sirve de sustento, ni sermones.
Procaz vaciamiento de neuronas,
fieles simpatías, perdón nulo.
Profundo pensamiento,
evaporado con la idea
de no pertenecer
y querer perecer
indignamente y servilmente.
La proclamación y predilección
del odio hacia el otro,
cohabitando con el ego herido.
Hernán J. Moreyra