Eres el síntoma y el diagnóstico,
el veneno dulce y el antídoto.
Te busco con la sed del sofocado
y en tu química encuentro mi dolor sanado.
Eres mi dosis exacta y mi sobredosis,
el alivio fugaz a esta metamorfosis.
Dejamos atrás las medidas cautas
me salvas la vida, pero me la pautas.
Te bebo como fórmula magistral,
sabiendo que el efecto será fatal.
Eres la adicción que me anestesia el alma,
el único placebo que me devuelve la calma.
Cura y enfermedad en la misma gota,
el fármaco herido que me reconforta.
Y si he de morir por una sobredosis de tu aliento,
que sea despacio en tus labios, momento a momento.