Varias palabras
que me salieron de la boca,
algunas no quise,
otras empujaban
urgidas por el ansia,
casi olían a muertas
de tanto guardadas, y tú,
soltando amarras—que Cele
por aquí, que Cele por allá—,
y yo, que moría a la intemperie,
tragándome la hiel
que del estómago subía,
y tú, ahogándome
con tu ira en una arena
movediza de lava, cieno,
sin darte cuenta
que tu verbo era piedra
que me hundía irremisible,
que si mi hijo no fue hijo
dejándote en la estacada,
que si tiene habitación y casa,
colchón y sobrecama,
que el sol y la luna diaria
no abrigan lo que un cuerpo
reclama.
Varias palabras liberadas,
yo perra que defiende su camada,
tú, entre lágrimas, testigo
de como mi carne ya escasa
se va retirando, como ola
en la playa.