Quiero amarte como jamás te han amado, con esa manera sublime de amar que no conoce medidas, que no necesita promesas para ser eterna y que convierte hasta el más pequeño de los detalles en una caricia para el alma. Quiero amarte de tal manera que un día, cuando mires hacia atrás, comprendas que no naciste para recibir migajas de amor, sino para habitar en el corazón de alguien que te considere su más hermosa casualidad y su más anhelado destino.
Quiero ser ese amor que llegue a tu vida sin hacer ruido, pero que lo transforme todo; ese que encuentre la manera de acariciar tus heridas sin despertarte el dolor, que bese tus cicatrices hasta que dejen de doler y que te enseñe, con la dulzura de sus manos, que el pasado no tiene por qué seguir escribiendo tu historia.
Quiero que conmigo descubras todas esas formas de amar que alguna vez soñaste en silencio, que encuentres en mis abrazos el refugio que tantas noches le pediste a la soledad y que mis labios pronuncien tu nombre con la devoción de quien ha encontrado, entre millones de almas, aquella que su corazón reconocería incluso con los ojos cerrados.
Y, sin embargo, aquí estoy… amándote desde la orilla de tu mundo, siendo ese desconocido que guarda tu nombre en los rincones más íntimos de su pensamiento, ese enamorado que sonríe imaginando conversaciones que nunca hemos tenido y que, cuando la noche se vuelve cómplice de sus silencios, se permite soñar con lo imposible: tenerte entre sus brazos y descubrir si tus labios saben a esa felicidad que tantas veces he imaginado.
Soy tu novio imaginario, ese que te ama en una historia que todavía no sabes que existe, el hombre que te ha elegido en secreto sin que tú hayas tenido siquiera la oportunidad de mirarlo a los ojos.
Cuántas veces he querido romper la distancia que nos separa, acercarme a ti, tomar tus manos y confesarte que hay un corazón que late de una manera diferente cada vez que piensa en ti. Cuántas veces he deseado tener el valor de gritarle al universo que eres tú, que siempre has sido tú, aunque la vida todavía no me haya concedido el privilegio de ser alguien en la tuya.
Quisiera decirte que soy aquel que te ha mirado desde lejos, no porque le falten ganas de acercarse, sino porque a veces el miedo de romper la magia de un sueño nos convierte en prisioneros de nuestros propios silencios. Soy quien ha imaginado la calidez de tu abrazo, quien ha soñado con despertar a tu lado y descubrir que, por una vez, la realidad ha sido mucho más hermosa que todas sus fantasías.
Y es que hay amores que comienzan con un beso, otros que nacen de una mirada, y existen algunos, como este que guardo por ti, que florecen en silencio, sin promesas, sin caricias y sin siquiera saber si algún día tendrán un lugar donde quedarse.
Yo me enamoré de ti en ese territorio invisible donde el corazón sueña lo que los labios todavía no se atreven a confesar.
No quiero ser solamente un sueño bonito en tu imaginación. Quiero, si la vida algún día nos concede esa oportunidad, ser el hombre que te demuestre que todavía existen amores capaces de quedarse cuando el mundo se marcha; que se puede abrazar sin poseer, cuidar sin asfixiar y amar sin convertir el sentimiento en una deuda.
Quiero conocerte más allá de tu sonrisa, descubrir los secretos que escondes detrás de tus ojos, escuchar las historias que te hicieron ser quien eres y aprender a distinguir tus silencios, incluso cuando no encuentres palabras para explicar lo que siente tu alma.
Quiero que algún día puedas mirarme y reconocer en mí no al hombre que pretende salvarte de tus heridas, sino a aquel que desea caminar a tu lado mientras tú vuelves a descubrir la belleza de la vida.
Y si alguna vez nuestros caminos se encuentran de verdad, si tus ojos se detienen en los míos y el destino nos regala ese instante que tantas veces he ensayado en mis sueños, no necesitaré un discurso para decirte cuánto te he amado. Quizás me baste con tomarte de las manos, acercarme lentamente y dejar que mis ojos te confiesen todo aquello que mi corazón ha guardado durante tanto tiempo.
Quizás entonces comprendas por qué he soñado tantas veces con un beso tuyo, por qué tu nombre habita en mis pensamientos sin pedir permiso y por qué, sin haber sido todavía parte de tu historia, te he reservado un lugar tan hermoso en la mía.
Y si ese día nunca llega, quedará en mí la dulce melancolía de haberte amado en secreto, de haber construido un universo con la sola presencia de tu recuerdo y de haber descubierto que el corazón también puede enamorarse de una posibilidad.
Pero déjame soñar un poco más…
Déjame imaginar que una tarde cualquiera te acercas, me miras con ternura y me preguntas por qué te observo de esa manera. Entonces, con el alma temblando y una sonrisa que no sabría disimular, te respondería:
«Porque llevo tanto tiempo soñando con tus labios que he olvidado cómo explicarle a mi corazón que todavía no te ha besado. Porque mientras tú ignorabas mi existencia, yo imaginaba la posibilidad de ser tu lugar favorito en el mundo. Y porque hay algo que necesito confesarte, aunque mi voz tiemble al hacerlo…»
Que no quiero seguir siendo el hombre que te ama en secreto. Quiero tener algún día el privilegio de ser aquel a quien ames también.
Porque, mi dulce amor imaginado, yo ya he vivido mil historias contigo en mis pensamientos, pero daría cualquier sueño por una sola oportunidad de comenzar contigo una historia verdadera.
Una historia en la que ya no tenga que mirarte desde lejos, en la que tus labios no sean una fantasía y tus abrazos no pertenezcan únicamente a mis noches de soledad.
Una historia en la que, cuando te diga «te amo», no tenga que hacerlo en silencio.
Porque antes de soñar con ser dueño de tu corazón, he soñado con merecer un pequeño espacio en él. Y antes de pedirte un beso, llevo una eternidad imaginando cómo sería que, por una vez, fueras tú quien se acercara a mí. ❤