La flor no reconoce las fronteras
ni inclina ante el poder su lozanía
también florece al borde de la vía
y viste de color las sementeras.
No exige sedas, joyas ni quimeras
ni compra con dinero su alegría
se entrega con humilde valentía
y alumbra por igual todas las eras.
No es patrimonio de salón dorado
ni un lujo reservado a la riqueza
también florece en suelo desolado.
Que nadie ponga precio a su grandeza:
todo ser lleva un sol incorporado
y tiene igual derecho a la belleza.
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