Esqueletos de hiel y de neblina
raspan la roca que el Señor descuida,
dejando en el peñasco la vida
mientras la muerte su jornal afina.
A cinco mil estados de la cumbre,
paga el mísero perro con su aliento
lo que en la corte luce con ostento,
dorando la codicia y la costumbre.
¿A quién le compra el rico su grandeza?
Al sudor encostrado de la pena,
al que esclavo nació de la riqueza
y libre morirá con su cadena.
¡Oh, metal mentiroso y mercenario!
Compras al que se pudre en la ladera
para vestir el pulso del corsario
que ignora la agonía de quien lo era.
Nace en la herida, vive en la carroña,
pasa por mano vil que el hambre explota,
y en el pecho del noble es solo roña
que no limpia la sangre que le brota.
La Rinconada (Puno, Perú) a unos 5.100 m de altitud