Fui dejando pedazos de mis días
en el borde difuso de tu mesa,
cambiando la verdad por profecías
creyendo que tu amor era promesa.
Que triste es descubrir, tarde o temprano,
que el fuego que cuidaba era de hielo,
que estuve construyendo con mi mano
castillos que eran de humo en el suelo.
Te di mis llaves, mi luz y mi equipaje,
desarmé mi escudo frente a ti,
pero tu amor fue solo un camuflaje,
una fachada donde me perdí.
Hoy me toca aceptar que no quedamos,
que las promesas se quedaron frías;
ya no duelen los besos que nos damos,
si no los días que creí que eras mía.