Sueño ser de sus días el reloj de sus horas,
de sus noches la estrella que su sueño ilumina;
ser del viento el susurro que en su oído murmura
y el silente suspiro que en su pecho palpita.
Pienso ser en sus labios esa copa de vino
donde abreve sus ansias de celestica ninfa;
ser la luna que brilla con romántica flama
dando lumbre a sus formas que de fuego son chispas.
Es mi eterno deseo ser un místico bardo
que le ofrece en su alcoba su febril poesía,
inundando su lecho y su cálida estancia
con aromas de nardos de mi olímpica lira.
Quiero ser alborada de sus frescas mañanas,
ser la brisa del beso que su cuello acaricia;
ser principio y resumen de sus dulces anhelos
y su cáliz de plata que pasión le prodiga.
Inspirado en su estampa quiero ser Donatello
y pintar lo divino de su bella sonrisa;
la cual tiene lo hermoso de su helénica estirpe
siendo fuente gloriosa donde nacen mis rimas.
Y con alas de cóndor quiero ser un poema
que adorando su imagen sus soñares abriga;
y surcando las nubes, y los mares y cielos;
¡en el pecho amoroso con ternura la anida!
Autor: Aníbal Rodríguez.