Los yates están quietos hoy.
Las olas mecen
tan suavemente…
Pero ellos quieren
andar… navegar
profundamente.
—Anclados junto a
la arena, madre mía,
¡qué aburrimiento,
qué pena!
La vida ya nos
espera,
las islas visten de fiesta;
hay manglares
blancos, rojos… negros.
Madre, quiero vivir
la vida, y yo atado
a esta cadena…
Hay en mi cabeza
un mundo tan vibrante
que me espera.
—Hijo, ten paciencia,
la playa está solitaria…
no hay clientes
en la arena.
Solo dos perros vislumbro
que también portan cadenas.
—Madre, que estoy
muriendo de hastío.
¿No ves que soy joven,
apuesto, y se me
pasan las horas como
si yo no existiera?
Quiero encontrar un
amor, en una isla
cualquiera.
Que las olas más profundas
desafíen mi existencia.
No quiero morirme
solo, no quiero morirme
quieto.
¡Ven, furiosa
tormenta… rétame
en la carrera!
Madre, te has quedado
callada, tu mirada se ha perdido…
y tu cuerpo todo tiembla.