Alcides Chavarría🇳🇮

El trazo de Bartolomé: La línea y la alegría

Bartolomé llegaba con el aura del que no acepta tachaduras, 
custodio de la blancura del papel y el filo de la mina. 

 

Para él, un plano no era un dibujo, era una promesa;
una línea mal trazada era una mentira sobre el papel,
y el rigor de su escuadra no perdonaba el rastro de la grasa.

 

\"¡Ese plano tiene que hablar de tu limpieza!\", nos decía,
con una voz que retumbaba en el aula, honda y paternal,
mientras buscaba con lupa la sombra de una rebaba
o la imprecisión de un empalme que no llegaba a su destino.

 

Exigía un trazo firme, un pulso de cirujano,
enseñándonos que en la pulcritud de un eje de simetría
se juega la seriedad con la que un hombre mira la vida.

 

Pero detrás de la regla y la mirada severa,
habitaba un alma que parecía bailar entre las mesas.

 

Bartolomé era un estallido de luz cuando el deber terminaba,
una risa que te abrazaba el hombro con fuerza de padre,
celebrando tu acierto como si fuera una victoria propia.

 

Nos enseñó que la precisión no tiene que ser fría,
que se puede ser riguroso y tener el corazón danzante,
que la firmeza de la mano nace de la alegría del espíritu.

 

Gracias, Bartolomé, por no dejarme ser mediocre,
por obligarme a buscar la perfección en cada rotulado
y por darme, con tu voz de trueno cariñoso,
el plano exacto de lo que significa ser un hombre íntegro.