Un corazón latía por dos besos
fugaces, siempre pedía a la misma
persona… una caricia, y además
de prometer que seguiría a su lado…
aunque no sabía si podría ser así.
La playa de Atacames me llevaba
a los momentos dónde solo éramos
tú y yo, nadie más estaba metido
en el medio, las tardes en ese lugar…
las vivía en tu cuerpo sudoroso.
Quédate aquí conmigo… un segundo
te pido para un vals, regáleme tus
besos de verano, los mismos que
me dabas en el auto… y que yo no
debía rogar para recibirlos… los daba por hecho.
No me preguntes de qué color eran
las aguas de ese océano, porque yo
solo recuerdo que bebimos,
bailamos y luego nos metimos a
la cama… me perdí en el sonido
de tu gemido, ¿Atrevido? Sí.