Territorio sin nombre
Hay amores
que no se apagan,
porque nunca ardieron del todo.
Bastó que hicieran luz.
Entraron por la grieta
y se quedaron.
Como una música baja
que no pide ser escuchada,
pero sostiene el silencio.
Solo cambiaron de lugar:
del gesto a la esencia,
del roce a la memoria sin forma.
Y ahí —
en ese territorio sin nombre —
siguen intactos.
El tiempo
no sabe tocarlos.
Quizá no era amor incompleto.
Quizá era el amor
antes de necesitarse.
Antonio Portillo Spínola ©