Luis Barreda Morán

Lo Que Pudo Ser Nuestro Universo

Lo que pudo ser nuestro universo

Hubo un tiempo en que tu nombre tenía la tibieza de la tierra mojada, y el mundo, con sus mares y sus inviernos, cabía en la pequeña geografía de tu espalda.

Yo quería conocerte sin prisa, como quien aprende el lenguaje de los árboles, descubrir qué tristeza escondían tus silencios y qué estrellas encendían tus ojos cuando la vida te parecía insoportable.

No te ofrecí vencer a la muerte, ni detener las agujas de los relojes; solamente quería estar contigo cuando el pan tuviera sabor a domingo y cuando la noche nos negara sus respuestas.

Habría sido hermoso envejecer entre pequeñas costumbres, discutir por tonterías, reconciliarnos sin orgullo, inventar un refugio con dos almohadas y llamar hogar al lugar donde rieras.

Pero el amor también conoce los naufragios, y hay barcos que se alejan de la costa sin que el mar explique sus razones. Uno se queda mirando el horizonte, hasta comprender que ninguna lágrima tiene el poder de cambiar el rumbo del agua.

No creas que dejaré de recordarte. Hay presencias que se quedan en las cosas: en la luz que se derrama por la ventana, en una melodía que vuelve de repente, en el perfume de una tarde que ya no tiene a quién esperar.

Y sí, me dolerá tu ausencia, porque no soy de piedra ni de olvido; soy este corazón que todavía guarda un pequeño territorio de ternura donde alguna vez floreciste.

Pero no voy a perseguir tus pasos ni a pedirle al destino que te obligue a volver. El amor no debería ser una cadena ni la soledad una condena.

Si alguna vez preguntas qué fuimos, diré que dos seres, por un instante, intentaron hacerle frente al universo con la humilde valentía de quererse.

Y si preguntas qué quedó de nosotros, no hablaré de ruinas ni de cenizas: diré que hubo una primavera en mi vida, que ciertas flores no necesitan quedarse para demostrar que alguna vez existieron.

Porque yo habría querido compartir contigo mucho más que un puñado de días; habría querido descubrir los años y sus secretos detrás de cada amanecer.

Pero si nuestro camino termina aquí, me llevaré lo vivido sin convertirlo en rencor. Te dejaré marchar con tu cielo intacto y seguiré buscando mi propio sol.

No todo amor está destinado a quedarse; algunos llegan para enseñarnos que el corazón puede abrir sus ventanas, dejar entrar la luz y seguir latiendo incluso cuando alguien se marcha.

—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA 
Agosto, 2018
Género: poesía lírica 
Forma: verso libre