JUSTO ALDÚ

AÑEJO COMO EL VINO

Maduró mi silencio bajo el cielo,
donde el tiempo destila su escritura;
y aprendí que hasta el páramo del duelo
puede alumbrar racimos de ternura.

Llevo en la sien un sol de luz tardía,
y en cada cicatriz, una memoria;
mi corazón fermenta todavía
la amarga uva que endulzó mi historia.

No temo al calendario ni a su espada,
ni al polvo que se posa en los espejos;
la vida es una copa desvelada
donde el ayer nos vuelve menos viejos.

He bebido del cáliz de la ausencia,
del vino que en las sombras se agiganta;
y extraje de la sed la quintaesencia
que vuelve al alma libre cuando canta.

Que nadie me confunda con la ruina,
ni juzgue por mis canas mi destino:
¡hay almas que, al arder, se hacen divinas,
y hombres que envejecen como el vino!

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