Sebas 1987

El galpón de las hachas ( fragmento)

41_ El eco de Fride en el galpón de las hachas se oía a contiguas gradas de allí; es más, al poco tiempo los brujos (enardecidos y grumosos) llegaron atormentados por esto, por aquellos también y porque básicamente las gradas eran su fiel posesión. Bajo la procesión del bullicio jocoso le dieron malos aires, y en los malos aires el aliento es inhabitable.

 

(Fride se alivió al poco tiempo).

 

Su fiebre comenzó a dejar su cuerpo y recuperó su semblante y agradeció, y esto le agradó a los brujos que bajo un arrebol sostenían las sangres.

 

Los crucigramas con palabras mal escritas empapelaron el suelo. Ágrafo me decías, y los esmaltes de colores raros vagabundeaban por las paletas y revistas de rock y discos que ya nadie escuchaba, y vasos que ya nadie en ellos bebía, y un gato con un nombre nocturnal —Bordón— y pañuelos baratos que te generaban una lágrima atroz.

 

(La pasma, la pasma, gritaban afuera).

 

Zumbaba el viento y sin presagios la siesta era garantía. Pero ¿por qué cerramos los ojos para dormir?

Libertad cantada y escalera de corazones.

 

(Entonces escribías):

 

“Aire Bahama, respírame la boca,

 

abrirme los ojos, llénalos sí de besos.

 

Y con palabras que uso con frecuencia,

 

Aire Bahamas, respírame el pecho.

 

Abrirme el alma como una cortina,

 

sacudime el polvo del brillo.

 

Abrime la boca, déjame ofrendas y pasionarias.

 

(¿recuerdas aquella que te saludó de vuelta a casa?)

 

No te preguntes nada; solo ves el tedio tendido

 

en este cuerpo de deseo amargo.

 

No voy a preguntarte por qué; dejaré el cuerpo

 

y la cama tendida

 

para cuando vuelvas y vuelvas este deseo amargo

 

y este tedio de plata en Aire Bahamas,

 

en brillo sin polvo.”

 

Se aturden los dientes, torpes estos, pero ya no nos conmovía tanto el frío. Y la noche nos daba ansiedad y bebíamos, toda la noche bebíamos, hasta quedar anémicos y friccionados. Y una bicicleta, y gente amante de lo ajeno, y un juego de torpezas de sexo en su estuche nuevo, y pasaba la muerte en una hoja amarilla y desfiles de ese estilo…

 

Hay un camino amarillo que solo llorando vemos (qué mierda esto de usar distintos tiempos).

 

Fuga esotérica y a despabilarse, gritó Fride, a armar resinas y plumas para los finales que ya vienen, ¿o no? Mientras le sacaba la platina y estrujaba las colillas de amores verdaderos.

 

Escribí ayer una resina de muerte en las mismas tripas de un diablo. Le dibujé un rostro obediente y fulgores reverenciales; con ello me gané dos días en mi cuerpo, dos días en los cuales no iba a renegar por esto.

 

Sigiloso, curioso, curtido de tregua, digo adiós mientras el bondi llega.

 

Fue lindo verte, fue lindo salir de mi gusanero piadoso.

 

Fue lindo afear el azar.