Mí muy distinguida dama,
le vengo ha ofrecer
un espacio en mí alma,
ese lugar que
sin saberlo está ocupando,
entre sin pedir permiso,
que estoy a su merced
y ha su servicio.
Con la complicidad
del viento
y la simplicidad
de los sonidos más bellos,
le dejo escondido en el aire,
el más exclusivo
de los sonetos,
le informo con todo descaro
que con las más
atrevida sutileza,
ya dejé escrito en sus ojos,
este y otros
elegantes poemas,
tenga en cuenta
que su sonrisa,
es la musa que me inspira,
por lo tanto
con la mayor humildad,
le suplico se abstenga
de sonreír,
con tanta frecuencia
y elegancia,
pues en ocasiones
quedó sin aliento,
y me deja usted
cómo el más tonto,
sin tener palabras
para describir,
lo hermosa
que la ven mis ojos.
Mí muy distinguida dama,
tenga en cuenta
que con mí sinceridad,
no soy consciente
de lo que pierdo,
aún así sin ningún temor,
la invitó si usted desea
a servirse
de ese pedazo de alma,
que ha usted ya pertenece,
pero si mí ofrecimiento
no es oportuno,
y su corazón
no está disponible,
me retiro con todo respeto
en silencio
haciéndome invisible,
no sin antes dejar en claro,
que está devoción
por sus encantos,
no revelan
fecha de caducidad.