El cronista sin puerto

Todavía no te has ido.

Hoy almorcé con cuchara,
porque tú comes con cuchara.

Me tomé el café sin azúcar,
porque así te enseñé a tomarlo.
Me comí tu cheesecake de fresa,
aunque ya no quedaba otro en la vitrina.

Y llovía en Cusco.

Qué mierda es esta,
dejar que alguien entre tanto en tu vida
que hasta para comer a solas
termines haciéndole un lugar.

Tú no estabas en la mesa,
pero yo te senté conmigo.

Y mientras llevaba la cuchara a mi boca,
me pregunté cuántas cosas más
empezaría a hacer como tú
antes de tener que aprender
a vivir sin ti.

Porque todavía no te he perdido.
Ni siquiera sé si alguna vez te tuve.

Pero mírame:
ya estoy aprendiendo a extrañarte
y aún no te has ido.