Yusti Pérez

Soneto 34

Vacío el lecho aflige mi postura.

Me sugiere la posición fetal.

Yo la adopto, pues hoy es lo normal.

Mas ¡qué colocación! ¡cuánta su agrura!

 

Cuando en la noche, gélida y oscura,

por costumbre yo a tu dermis dorsal

me apegaba e iba ciñendo el total

y angosto redondel de tu cintura,

 

entonces brillaba cada lucero

como si por el hecho de abrazarte

el cosmos se regocijara entero.

 

Te añoro, en exceso, y añoro aparte

la rutilancia y el ardor certero

que escasea y no vuelve al recordarte.