¡Ah, qué silencio más profundo me posee! Soy como esos campos de trigo que no dicen nada, sobre los cuales el viento pasa inadvertido, apenas ondeando las copas; como esas aguas de río que la luz toca y en las que deja coloridas formas geométricas brillantes; un pájaro de luto que jamás se cansa de cantar y muere asfixiado. ¡Ah, qué vida! Una que se quiebra en infinitas palabras, se disuelve en el tiempo sin dejar rastro de existencia: nostalgia de ser y no pertenecer. ¡Oh, Dios! Perdóname en esta mañana tierna, casi invernal, por no sacar al sol mis alegrías, pero mi corazón está taciturno. He caminado tanto que me consolaría un poco tirarme sobre la tierra y olvidar mi nombre, percibir el vuelo de una mariposa y que, de repente, un pensamiento extraño y difuso me devuelva a la vida.