A veces vivimos demasiado
para un amor tan breve,
tan puro y desinteresado
que parece no pertenecer a este mundo.
Como mariposas
que danzan libres con el viento,
te ibas hacia la vida
y siempre regresabas
a la calidez del hogar.
Y ahora que el tiempo se extingue,
y tu partida se vuelve inevitable,
mis brazos te acunan
con la dulzura de quien ama
y la tristeza de quien debe dejar partir.
Dulce corazón,
si ha sido breve el tiempo,
que la eternidad te guarde
allí donde nada duela,
donde las horas no pasen
y las despedidas no existan.
Yo me quedaré aquí,
con tu recuerdo entre mis brazos
y un lugar en mi alma
que siempre llevará tu nombre.
Porque el tiempo es breve,
pero el amor, mi dulce corazón.
no conoce despedidas.