José Luis Barrientos León

Contra la lluvia y el invierno

 

Si me dieran la opción de un milagro,

no elegiría la paz de los altares

ni un porvenir de seda.

 

Pediría, más bien, un cataclismo tibio:

ese vórtice oscuro que baja de las nubes

para cambiar de sitio nuestra historia.

Que un desorden de viento nos sacuda,

una cólera hermosa que barra de la cama

el polvo gris que dejan los fracasos.

 

Nos hace falta un temporal violento,

una venganza de agua desatada

que lave los inviernos que sufrimos a solas.

Que arrastre los escombros, lo que fue feo y frío,

para dejar tu piel limpia y desnuda

como un mapa de luz recién fundado.

 

Y cuando todo pase y cese el ruido,

mirar el suelo húmedo y saber,

mientras te abrazo contra el frío que queda

que la calma de hoy tiene tu nombre,

y que el cielo que aclara es, por fin, el nuestro.