A Victor Pérez Berruezo
Eres quietud, eres calma
eres hogar
por donde quiera
que pasas.
Espiral de silencios,
mirada furtiva;
remanso en el caudal
accidentado de la vida.
A ti consagro,
sol que no se apaga,
la gravidez sin tiempo
que me aplasta.
A ti, que iluminas
el perenne penar
entre mis ruinas,
te pongo nombres,
te bautizo,
yo te eternizo
al no tocarte.
Te evoco.
Yo te invoco,
miliciano de
mil años,
mirada triste,
sonrisa sempiterna.
Luz inasible
de todas las cavernas.
Yo te salvo,
yo me salvo.
Nos salvamos.