Bolivar Loncarich Pedro Antonio
LAS DOS CRUCES
El motor rugía, el paisaje pasaba,
mientras tu voz tejía la cruel verdad
en ese taxi el suelo se quebraba,
desnudando una terrible realidad.
Me contabas tu plan, tu fría jugada,
arrojando mi nido a un rincón ajeno,
esperando verme sumido, callado,
bebiendo el trago de tu propio veneno.
Pero dije que no, que no me quedaba,
que mi dignidad no se queda en el suelo,
y tu última frase, la que más quemaba,
cortó de un tajo las alas de mi vuelo.
“Lo nuestro terminó”, dijiste sin pena,
en una calle extraña, sin mirar atrás,
rompiendo el viaje, soltando la cadena,
dejando libre… pero herido de más.
Si en casa de mi madre hoy no te quedas,
te advierto que mañana no existes.
Te hago las dos cruces en la tierra negra,
y lo nuestro terminó… tal como quisiste.