El desalmado

ÓLEO PARA EL TROVADOR (a Silvio Rodríguez)

Se ha perdido en el tiempo, trovador,
la mujer con sombrero, la innombrable,
esa gaviota que en vuelo huye veloz
cuando tu voz nos canta y tiembla el aire.

El delirio y el polvo marcaron su andar,
y el pincel de Chagall la volvió poesía,
mientras tú, con el alma regresas al mar
y reflejas la luz que el miedo corrompía.

La cobardía esquiva los besos que anotas,
y el amor, si es cobarde, no llega a la historia;
tú apagas relojes y secas tus botas
guardando su rostro en la oscura memoria.

Y aunque cantes al tiempo y a la madrugada,
y tu trova nos cure de cualquier dolor,
hoy ella te mira desde su morada,
“que me tenga cuidado”, dices al amor.

Porque el verso no salva al amante que huye,
ni al blasfemo que grita poesías en vano;
es tu amor el que llora mientras te destruye
y agarras el lienzo con tu propia mano.