Rosa Maria Reeder

Los peldaƱos del infinito

Hay una escala suspendida
donde termina el nombre de las cosas,
un camino de piedra que se olvida
de la tierra, sus cárceles y rosas.


Sube en silencio, sin tocar el cielo,
como si el aire sostuviera su memoria;
cada peldaño va dejando el suelo,
cada peldaño va borrando la historia.

 

¿Quién puso allí la primera piedra?
¿Quién trazó su ascensión hacia la nada?
¿Quién sabe qué misterio nos espera
detrás de aquella nube iluminada?

 

Tal vez subir no sea llegar más alto,
sino deshabitar lo que creemos;
desnudar de certezas nuestro espanto
y escuchar el silencio que no vemos.

 

Porque hay alturas que no tienen cumbre, ni puertas que separen lo divino; hay una eternidad bajo la lumbre
de un alma que se busca en su camino.

 

Y sigo allí, peldaño tras peldaño,
con mi verdad temblando entre las manos; dejando atrás la certidumbre y el engaño, desaprendiendo todos mis veranos.

 

Hasta que un día, al borde de la altura,
donde ni el pensamiento tiene nombre,
comprenda que la esencia más pura
no está en llegar más cerca de lo inmenso:

 

está en sentir que el infinito
también respira dentro del hombre.

 

Rosa María Reeder

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