Me ahoga la fila para poder verte,
me roba el aliento esperar a hablarte,
y le ruego al destino cambiar mi suerte
para que en mis brazos logres dormirte.
Aguardo mi turno, esperando el milagro
de que mis labios te puedan saludar;
un roce en la mejilla me sabe a regalo,
pues sé que nunca me vas a nombrar.
Duermes en otra cama, llegué tarde a tu vida,
cada noche en vela me destroza la calma.
Siento que me pierdo, triste y dolorida,
mientras tu ausencia me quema el alma.
Jamás sabrás nada de esta herida abierta,
pues apenas ayer borraste la poesía;
tu vida está llena, pero yo sigo despierta,
fingiendo una sonrisa y avanzando cada día.