Extiende la mano, mirando al cielo,
donde las trompetas suenan,
anunciando la esperanza
de que la muerte no sea la última escena.
La hija, vestida de novia,
ataviada para el encuentro,
va al encuentro de su amado,
mientras el cielo guarda el misterio.
Las gerberas solo son adornos
que el alma ya no mira,
pues inerte, en esa pose,
queda el amado de su vida.
Guirnaldas y gerberas adornan
el espacio de la despedida,
pero ningún adorno puede llenar
el vacío que deja su partida.
Pero no tengo más tiempo
del que me has prestado;
pues soy tuyo, Señor,
guíame a entender lo que ha pasado.
No permitas que este vacío
que hoy me quema por dentro
calcine lo que un día sembramos
con amor y sentimientos.
Que permanezca en mi memoria
lo vivido con tanto amor,
y que, aun en medio de la ausencia,
me sostenga tu presencia, Señor.
¡Gozaos todos los que esperan en Yesúa!
Gocémonos en su presencia;
que la paz que nos brinda en este momento difícil
nos abrace y fortalezca.
Aunque hoy nos cubra la tristeza
y nos duela tanto la separación,
que la esperanza permanezca viva
y halle consuelo nuestro corazón.
Un día te veremos,
junto al Maestro que nos guía;
y en su presencia comprenderemos
lo que hoy nuestra alma no descifra.
Porque el amor que sembramos
no se borra con la ausencia;
queda guardado en la memoria
y abrazado a nuestra fe y esperanza.