Cuando te desvías, te avisa suavemente:
una inquietud, una sensación de que algo no encaja,
una paz que se aleja aunque todo parezca bien.
No es castigo: es corrección oportuna.
Te dice: «reconsidera, respira, vuelve a tu centro».
Porque es mejor detenerse un instante…
que avanzar por una senda que no es tuya.