Sediento de sustancia
subsisto en los mismos parajes
de una ciudad que me pide algo más.
Mi bosque
está apagado
y los pájaros
ya no anidan cerca de mí.
Huyo del tiempo
y atesoro un candil
que enfrenta
la luz mortecina
que me persigue.
Sin Dios,
voy mezclando
atardeceres azules
que anuncian mi muerte.